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Expresando sentimientos: Amor

No me puedo creer que llegue este momento. Sí, es cierto, cada día es igual pero siempre es diferente. No sabría explicar lo que me pasa por la cabeza, o las mariposas que siento en el estómago cuando se acerca la hora. El resto de día me es indiferente. Puedo estar haciendo algo o no. Puedo estar matando el tiempo o muñecos de trapo. Lua es buena compañía pero nada ni nadie hace que se me iluminen los ojos como ella. Sé que no vamos a hacer ningún plan nuevo y emocionante, pero el simple hecho de pasear por el parque a su lado me hace no desear nada más. La semana pasada, un día llegó malhumorada del trabajo. Había tenido un día duro y tuve que sacar mis mejores armas de seducción. ¿Qué si conseguí hacerle reír? ¿Acaso lo dudabas?

Pasamos apenas tres horas juntos al día, pero las vivo intensamente sin separarnos ni un segundo. Cuando llega la hora de dormir, siempre me avisa para que me tumbe junto a ella en la cama. Puede que ese sea, definitivamente, mi momento favorito del día. Me mira y el tiempo se paraliza. Sé que conoce cada mancha de mi cuerpo y le encanta acariciar todas ellas mientras hace balance del día y repasa mentalmente la agenda del día siguiente. En ese instante en el que se le cierran los ojos, me encantaría poder decirle «buenas noches», pero sólo puedo ladrar y hacer que mi cola inquieta se exprese por mi.

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Y tú qué harías si…

He ido la entrevista de trabajo que quedaba lejísimos,me he perdido en la salida de la M-30, no encontraba sitio para aparcar, he dado mil vueltas, cuando llego toda sudada y descompuesta, me toca una secretaria que no encuentra mi cita. Después de 2 horas, comprueba en la agenda que se les ha olvidado anularme la cita, que ya habían encontrado al candidato perfecto, que lo siente mucho. Cuando llego al sitio donde he dejado mi coche me encuentro la pegatina. La grúa ha retirado mi coche. ¡Multazo!

Bien. Vamos a hacer algo sencillo, que pueda controlar y que me haga feliz. Saco un cigarro del bolsillo mientras me dirijo a la terraza más cercana. -Una cerveza, por favor. -¿Caña? – No, mínimo un doble, que tengo para rato.

¿Dónde está el depósito, Google? Muy bien, me pilla de casa casi igual de a mano que la empresa en la que ni se han molestado en conocerme para explotarme. Y como tuviera que pagar todos los días la grúa, no me iba a salir a cuenta venir a trabajar.

¡A otra cosa mariposa! Voy a enviar un par de invitaciones de Linkedin más, llamó a un taxi que me lleve a por mi coche y me voy a mi casa a pegarme un buen baño. Hoy me he ganado pedir una pizza para cenar y ver un par de capítulos de más de cualquier serie, hasta que se me cierren los ojos o lo que surja.

Nota mental: mañana ten mucho cuidadito de con qué pie sales de la cama, bonita, que ya has cubierto el cupo para toda la semana.

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Relato: un personaje y una obsesión

El personaje:

Él está sentado en el metro y sé que es pintor por las manchitas blancas que encuentro en su cabeza, casi sin pelo resaltan mucho. Es tan grande que ocupa casi dos asientos. Yo diría que es ruso, un pintor ruso. ¿Qué hace jugando a los marcianitos con sus 45 años y sus manos de jugar al baloncesto? No sé si es guapo, porque no levanta la cabeza de los muñequitos, pero su nariz es recta y su piel curtida.

La obsesión:

Los perros

Hace quince años, en el metro de San Petersburgo, volvía del trabajo como  todos los días cuando, de repente, me pregunté qué podía hacer para salir de la rutina. Siempre llegaba a casa y soñaba con los números de las tarjetas y de las cuentas bancarias y al final tenía la cabeza llena de cosas y el cuerpo vacío de cansancio. No dormir en días pasa factura. Si tuviera un perro al menos tendría la obligación de salir todos los días, así que, al día siguiente salí de la perrera con mi cruce de mastín.

Y ahí todo empezó a cambiar. Ya todo el día estaba pensando en Blini el mastín, y en el momento de llegar a casa y verle corriendo hacia mí con su cadera loca.

Ya no había números en mi cabeza, sólo pelos que formaban bolas. Los clientes no hablaban sino ladraban y el director de la sucursal me invitó a irme cuando intenté jugar con uno de ellos a la pelota.

Ahora vivo a las afueras, ya no podía vivir en mi apartamento con mi camada, y me dedico a pintarlos. Ellos me inspiran y cada vez que termino un cuadro lo someto a votación popular entre mi familia. Dependiendo de los «guaus» que obtenga le pongo el precio para venderlos y ganar lo suficente para comprarnos el pienso.

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Me gusta

Me gusta la brisa que choca con mi cara, caminar en mi barrio viendo las distintas caras que me rodean. Me gusta la risa, la soledad de mi casa, echar de menos a mi familia, una buena tarde con amigos, reir hasta llorar. Me gusta los dias de sillon, la tele con sonido, saber que todo estara bien, olvidar en el momento, dejar de escuchar, saber que nadie puede oir mis pensamientos, me encanta mandar a la mierda a algunos. Me gusta desconocer las cosas sabiendo que son… Me gusta las seis de la tarde, un fin de semana de verano, un domingo lluvioso en casa. Me gusta los dias hasta tarde, soñar, reir, respira, correr de mis pensamientos, sentirme libre y unica. Me encanta volver a casa, saber que alguien me espera.