El personaje:
Él está sentado en el metro y sé que es pintor por las manchitas blancas que encuentro en su cabeza, casi sin pelo resaltan mucho. Es tan grande que ocupa casi dos asientos. Yo diría que es ruso, un pintor ruso. ¿Qué hace jugando a los marcianitos con sus 45 años y sus manos de jugar al baloncesto? No sé si es guapo, porque no levanta la cabeza de los muñequitos, pero su nariz es recta y su piel curtida.
La obsesión:
Los perros
Hace quince años, en el metro de San Petersburgo, volvía del trabajo como todos los días cuando, de repente, me pregunté qué podía hacer para salir de la rutina. Siempre llegaba a casa y soñaba con los números de las tarjetas y de las cuentas bancarias y al final tenía la cabeza llena de cosas y el cuerpo vacío de cansancio. No dormir en días pasa factura. Si tuviera un perro al menos tendría la obligación de salir todos los días, así que, al día siguiente salí de la perrera con mi cruce de mastín.
Y ahí todo empezó a cambiar. Ya todo el día estaba pensando en Blini el mastín, y en el momento de llegar a casa y verle corriendo hacia mí con su cadera loca.
Ya no había números en mi cabeza, sólo pelos que formaban bolas. Los clientes no hablaban sino ladraban y el director de la sucursal me invitó a irme cuando intenté jugar con uno de ellos a la pelota.
Ahora vivo a las afueras, ya no podía vivir en mi apartamento con mi camada, y me dedico a pintarlos. Ellos me inspiran y cada vez que termino un cuadro lo someto a votación popular entre mi familia. Dependiendo de los «guaus» que obtenga le pongo el precio para venderlos y ganar lo suficente para comprarnos el pienso.
