Publicado en Escritura diaria

Rara

Siempre he pensado que era una persona rara. Rara de cojones, no de estas que la gente dice «uy, pues tiene un punto raro que me resulta gracioso». No, más bien de las que los demás le miran con una mezcla de indiferencia y repugnancia antes de seguir con sus vidas. Esas miradas que se van clavando en el corazón como pequeños alfileres hasta que acaban por formar una armadura dura cubriendo un músculo encostrado. Y como las personas raras, hoy en dia, nos guiamos por el corazón, al final vamos como zombies con un nuestra herida por bandera.

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