Viernes, tres de la tarde. Me encanta ese momento de la semana en el que estas apagando el ordenador y tienes todo el fin de semana por delante. – Pues no me va Internet, oigo decir a la pesada del fondo. – Nuria, a estas horas no tengo que estar pendiente del wifi, y dejalo ya, que no vas a heredar la empresa.
El resto de la tarde discurre entre cervezas, risas, tapas, saltos de calidad a los gin tonics, exaltaciones de la amistad y sin poder pronunciar la «r», hasta llegar a la amnesia. Claro que el día siguiente no es mucho peor. El que dijo que la resaca se pasaba con cerveza seguro que era el dueño de Mahou, pero yo siempre he sido muy de placebos y antes de que llegue la hora de la cena ya estoy con el móvil, cual arma de destrucción masiva, marcando el teléfono de mi ex. Creo recordar a alguien gritando «tu no estas pensando en lo que estas haciendo» y esta claro que no lo sabía porque el domingo me levanté en esa cama tan ajena como conocida. Sólo pude comenzar a gritar «Mierda» en mi cabeza cuando se abrió aquella boca que sonreia a mi lado.
– Bueno, y ¿ahora qué? porque esto significará algo ¿no?
– Por favor, Clara, callate un poco, dejame pensar.
Bien chaval, lo suficientemente ambiguo para que te deje trazar un plan de huida. Sí, pero no. Tengo que irme. No te he olvidado, pero no estoy en ese momento. Un polvo mal echado por compasion y un mañana te llamo.
Ya eran más de las doce cuando abro la puerta. ¡Mi casa! ¡Por fin! Técnicamente ya es lunes, pero me llega ahora ese momento tan dominguero de «No me vuelvo a emborrachar » Parece que con la edad todo se va retrasando. El martes aún sigo pensando en Clara o, mejor dicho, intentando atar los cabos que me traen las pequeñas islas de la gran laguna que es aquella noche. Lo único que tengo claro es que no quieri volver a esas discusiones de ventanas abiertas y trastos volando en las que desembocaban el un, dos, tres del amor. Posibles respuestas a la pregunta ¿Qué te pasa, cari? Como por ejemplo, “No sé, tú sabrás”, responda otra vez:
– ¿A MI?? ¿NADAAA?
– ¿En serio no lo sabes?
– Nada, estoy fenomenal, como tu nueva amiguita del Facebook…
Campana y se acabó. Necesito hablarlo con alguien, así que convoco al consejo de sabios el miércoles. Abrazo a mi amigo Giancarlo. Es un abrazo grande y entregado entre dos grandes amigos. Nada, todo postureo. Es el único del grupo de siempre que todavía me aguanta. No es que me caiga bien, pero a nuestra edad ya vamos quedando pocos en el país de nunca jamás. “Vaya mierda de semana que llevas” es su conclusión tras tres horas de conversación. Siempre sospeché que no era muy listo.
De todos modos, razón no le falta. Quizá debería hacer algo con mi vida, tan llena de relaciones sin sentido y de alcohol en vena. Pero hoy es juernes y, en el fondo, ya sé para siempre, que sólo está vacía.
