Publicado en Curso Escritura, Poesía

Sin más

Sin más. No he perdido la cabeza. O quizá sí. No lo sé. No quiero pensar. Pero si no lo hago,mi cabeza se siente con total libertad para volver a revivir ese momento una y otra vez. En bucle infinito. No empieza siempre en el mismo punto. Esta mañana comenzó con aquella mirada furtiva que quiso perderse porque estaba destinada a encontrarse. De esas miradas que no necesitan subtítulos, ya sabes lo que viene detrás. Y cuando empieza la función, sigues el guión a la perfección. El baile de manos entre los cuerpos desnudos es casi hipnótico. El brazo, el cuello, su cara, saco uñas para bajar la caricia por la espalda, y ahora viene el culo.

Abre los ojos, no te dejes llevar. Pero voy a empezar otra vez. Pero mi cabeza no quiere. Pero mi cuerpo me implora que continue. Otro salto, y tengo su cabeza en mi cuello, y ahora en mi vientre, y sólo un segundo más tarde entre mis piernas. No hay una parte de mi cuerpo que no se estremezca.

Soy consciente de no estar haciéndolo bien. No es lo correcto. ¿Y que lo es? ¿Dónde está esa línea entrr el bien y el mal? Quizá sólo aparezca y desaparezca a conveniencia, como sus labios juguetones pegados a los mios, o sus brazos intentando abarcar todo mi cuerpo a la vez, cómo si fuera un pulpo, o su lengua en esa teta que antes era mía y ahora, sólo tiene su marca grabada a fuego. Pero ¿cómo coño me defino yo sin tetas?

No debería darle más de lo que se ha llevado ya. Entonces, ¿por qué le sigo entregando mi tiempo? No voy a bajar a ese nivel. ¿A qué nivel? Ya no hay pisos más abajo. Definitivamente es un sótano oscuro dónde sólo está él, y su cara encima de mi, mirándome como si quisiera vivir así para siempre. Dentro de mi. Tan dentro que duele el corazón.

Deja un comentario