Las yemas de mis dedos te conocen
Recorriendo tu cuerpo vagan solas
Como en un suave campo de amapolas
Sin malicia las dejo que retocen.
Ya no puedo impedir que te rocen
Que dibujen en tu piel caracolas,
Que se mezan sobre ti como las olas
Que cada playa tuya reconocen.
Jamás temen la cálida tormenta,
Que surge de ti cuando despiertas
Devolviendo urgente boca sedienta.
Espían tus sentidos, siempre alertas,
Por miedo a que huyas, a que les mientas,
A volver y no encontrar tu isla desierta.
