Publicado en Poesía

Por la mañana

Las yemas de mis dedos te conocen

Recorriendo tu cuerpo vagan solas

Como en un suave campo de amapolas

Sin malicia las dejo que retocen.

 

Ya no puedo impedir que te rocen

Que dibujen en tu piel caracolas,

Que se mezan sobre ti como las olas

Que cada playa tuya reconocen.

 

Jamás temen la cálida tormenta,

Que surge de ti cuando despiertas

Devolviendo urgente boca sedienta.

 

Espían tus sentidos, siempre alertas,

Por miedo a que huyas, a que les mientas,

A volver y no encontrar tu isla desierta.

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