Publicado en Poesía

camisa 3.JPG

 

Despojar a una mujer de la camisa

encierra en sí una intriga y una apuesta

un acertijo serio, un duelo inmenso

una aventura, un azar, una promesa.

Despojar a una mujer de la camisa

nos propone un enigma irresoluble

una cábala distinta en cada hombro

un olor a verano en los ojales

que nos contagia de la urgencia del bandido

y nos hace desear que el tiempo pare.

Liberar cada botón, un regocijo

donde la yema del dedo se nos quema

el contacto con el nácar nos embriaga

y la palma de la mano redondea

el prodigio de la curva femenina

que nos llama como el agua a la marea.

Despojar a  una mujer de la camisa

nos convoca a misterios de otros tiempos

nos contrata a destajos infinitos

y nos hace generales sin su guerra.

Una mujer sin botones en su blusa

contiene irreverencias siempre ignotas

cortesías de la piel que no entendemos

armonías incansables y estivales

estridencias, recovecos y hambres fieras.

Despojar a una mujer de la camisa

nos hace levantar nuestra mirada

al vuelo ya iniciado de la tela

como niños mirando una cometa

y bajarla en la caída al blanco tibio

que nos muestra otro país tras la frontera.

Despojar a una mujer de la camisa

tiene consecuencias a futuro,

los arboles se inclinan a tu paso

acelera el respirar, se mira al frente

nuestros ojos aletean como mirlos

los latidos se adelgazan y en un punto,

en la alcoba se desparejan los zapatos

y en la ciudad se trabaja sin sentido.

Despojar a una mujer de la camisa

nos guía firme el timón, alta la proa

y nos saca al mar azul en cada hilo

con un rumbo inevitable hacia la alcoba.

Un comentario sobre “

Deja un comentario