Créeme, no quieres ser como yo. De primeras puede que parezca una gran idea. Es una chica guapa, independiente, con su buen trabajo, un puñado de amigos y su casa. Pero para ser como yo existen sacrificios que debes hacer.
Para empezar tienes que desconfiar de todo el mundo. Tranquila, porque eso no va cambiando según vayas conociendo a la gente, ya que siempre vas a ver más allá y habrá algo que consiga decepcionarte. Así, hasta que no haya nadie a tu lado.
También tendrás que aprender a vivir dentro de un cuerpo que te resulta extraño, que no va acorde con tu cabeza y que te obliga a parar cuando tu cerebro esta trabajando al máximo nivel. Y créeme cuando te digo que esas dos cosas son tan incompatibles como la nieve en verano o el amor con los tiempos que corren.
Tampoco puedes saber cómo expresarte. Si lo haces, la gente empatizará contigo, te entenderán e incluso pueden que te tomen algo de cariño y eso sería un hito nuevo en esta historia.
Puedes pensar que eres buena en algo. En tu trabajo, en tu vida social o en una actividad en particular. Pero sólo puedes elegir una cada vez y sólo por un ratito. Si realmente te das cuenta de que vales más de lo que nunca sentiste, no vas por el buen camino. Quizá puedas ser otra persona, pero desde luego no eres yo.
Créeme, no quieres ser como yo. Ni tan siquiera yo quiero ser como yo.
