
-Seamos conscientes de hacerlo bien,
Sentenció Jehová a su audiencia
Mientras el resto ya esperaba a ver
Cómo resultaba la experiencia.
Todos aguardaban menos Teresa
Que sin saber lo que allí hacía
Miraba perpleja a su alrededor
Para comprobar que no era Gandía
Que era donde ella debía estar
A estas alturas de aquel día.
¡Qué iba a pasar con sus 6 hijos!
A esta cuestión nadie le respondía.
-Hola rica, todos me llaman Venus.
Dijo sin más una imponente tía.
-Dios a secas es mi divino nombre,
Soltó un señor que no comprendía
Que Teresa pa´ fiestas no estaba
Entre gente tan, tan desconocida.
-Necesitas velo, le dijo Alá.
-Mira, guapo, en Coslada no se estila,
Mirando sus hermosos ojos negros
Como quien este mundo desafía,
Le espetó Teresa con mucha calma.
-Soy Teresa, dijo ella, supertímida.
-Yo Tata, un gran placer conocerte,
Y miró a Teresa con soez lascivia,
Justo antes de que papá Jehová
Le regalase su mirada fría.
Dios le dijo: -Yo te perdono.
Y todos suspiraron con desidia.
-Ya está bien de jueguecitos vanos
Que este trabajo no es una tontería.
Y ante estas palabras de Alá
Teresa pensó-¡Menuda pandilla!
Yo tengo rapidito que ir al médico,
A que me recete su medicina
Que si estos tíos son imaginarios
Quizás he perdido la cabeza mía.
Mientras todos ya se arremolinaban
En torno a la efervescente mesilla
Que en el centro rotunda se hallaba
Y mil piezas de barro contenía.
-Voy a empezar! Otra vez dijo Alá
Hablando entre una gran algarabía
De Dioses muy felices y contentos
Y una Teresa azul y sorprendida
Por un mareo repentino y grande
Que casi acaba con su fútil vida.
-Si estoy embarazada, me suicido.
Pensó mientras echaba la papilla
-¿Estás bien? le preguntó el Dios Tata
-¡Hombre, por Dios, que esa teta es mía!
Gritó Teresa mientras apartaba
De su pecho la manaza bandida
Que el caliente Tata travieso posó
Sobre ella sin esconder su alegría.
-Hijo, yo te perdono, dijo Dios
Que si lo piensas más bien parecía
Un cura plasta que un Dios de Verdad
-Se me cae el brazo y te suelto una hostia,
negrito de los cojones, dijo ella
Y al fin Tata su mirada escondía.
Pues en Coslada son así de bordes
Con los jetas que sus cuerpos codician.
-Mejor que te vayas acostumbrando,
Que esto parece un pulpo, sí, querida.
Susurró sutil Venus a Teresa
Metiendo los dedos en la herida.
Al acercarse despacio a la mesa
Teresa descubrió que allí en la esquina
Agachado y agarrando un martillo
Se encontraba otro Dios en cuclillas.
-¿Quién es ese pedazo de maromo?
Preguntó Teresa así de ojiplática
Admirando el cuerpazo del muchacho
Más guapo que vió en toda su vida.
-Tor, es su nombre. ¿Está bueno, verdad?
Esa pobre criatura todavía
No es capaz de comunicarse con nadie.
-Ah! Le conozco de la peluquería,
¿No es el australiano de Elsa Pataky?
Menudo marido se ha marcado la tía.
Y todos miraron a Teresa así
Como si hubiese pedido una ensaladilla.
-¡Calla, mujer! Voceó el gran Alá,
Levantándose veloz de su silla.
No ves que es un hombre atormentado
Pues ese bello actor de pacotilla
Es más hermoso de lo que él siempre fue
Careciendo de su esencia divina
Que un vulgar mortal no debería jamás
Superar ni en belleza ni elegancia
A todo un Dios con su martillo y todo
¡Qué hay que respetar la mitología!
-¡Al lío! Hay que trabajar que es tarde
Y sin falta acabar todo este día.
Y comenzaron todos a jugar
Con trozos de barro de la mesilla
Que eran todas partes del cuerpo humano
Como en aquel curso de anatomía
Que Teresa dio en la universidad
Cuando estuvo viviendo en Comillas.
Y comenzaron los Dioses a colocar
Las mil y una piezas que elegir podían
Para formar un pequeño muñeco
Que en la fuerte mesa se sostenía.
-Casi le pongo la pierna en el brazo,
Saltó Teresita un poco perdida.
-Esto lo voy a hacer en casa
Y pasar las tardes entretenida
Un día de estos de mucha lluvia
Con mis seis fieritas hiperactivas.
-¿Dónde estarán todos ellos ahora?
-Crear un Dios terrenal es cosa fina,
Concéntrate ya y no pienses en nada
Que este limbo enseguidita termina.
Le confesó Dios sin dar más detalle.
-Limbo suena a muerta, y yo estoy muy viva.
Dijo Teresa asustada y nerviosa
Con su cara completamente lívida.
-Viva estás, pero no sobre la Tierra.
Que para crear un Dios digno de Olimpia
Necesitamos tu ayuda más carnal
Que si no nos salen muy altivas,
Llenas de un orgullo grande y vanal
Las deidades que sobre el mundo habitan.
-No sé si está al revés, dijo Teresa.
Agarrando sin pudor la pilila
Del nuevo Dios de barro en construcción
Pegado con gotas de agua tibia.
Y sin vergüenza Teresa añadió
-Yo en esta parte más barro echaría.
Que solo tengo una oportunidad
Y nunca más me lo perdonaría
Si dejara a un Dios sin buenas armas
Para el amor y otras guarrerías.
-¡Ahora viene el culo! Dijo Venus
Aplaudiendo como si una chiquilla
Hubiese tomado su bello cuerpo.
Los ojos de Alá brillaban con rabia
-Perdónalas, Alá, no tienen control
Se comportan como dos tontas crías.
Intervino ágil Dios para poner paz
Y que allí reinara la armonía.
-No me parece bien lo que hacéis
-Alá el pobre hombre no comprendía
Que para crear un semi Dios terrenal
Hubiese que hablar de mil porquerías.
Y siguió con la matraca sin piedad
-No está bien que su pene le defina.
-¿Cómo coño me defino sin tetas?
Y no es que yo sea una vulgar guarrilla
Pero si por algo me habéis traído aquí
es para escuchar mi opinión sentida
y os digo que un hombre feliz en la Tierra
Un enorme nardo siempre necesita
Y si es una mujer dos buenas tetas
Que no les va a importar que les defina.
Y ya todos los Dioses asintieron
Ganando Teresa al fin la partida
Y de esta forma terminaron al Dios
Resultando que era una maravilla
Pues todo él sin aliento te dejaba
Si sobre él tu mirada detenías
Y contemplabas su tremendo porte
Con todas las virtudes necesarias
Para que los terrícolas incrédulos
Recordaran que los Dioses existían
Y que alguno andaba entre ellos
Y a otros casi nunca se les veía
Despidieron a Teresa que encantada
Les dijo que a todos les rezaría
Y que volvía rápido a Coslada
A preparar unas empanadillas
Para sus seis muchachitos glotones
Y para postre una buena sandía.
-Necesito que algún Dios sin demora
Me acerque rápido a la guardería
Que el pequeño sale justo a las cinco
Y aquí ya se acabó la tareita.
-Yo no estoy bajando a ese nivel nunca,
Te acerco a una estación de Cercanías.
Y de paso dejo al nuevo allí abajo
Para que comience su nueva vida.
Y así fue como Teresa y los Dioses
Crearon juntos aquella maravilla
Llamada en la tierra Paul Newman
Y así este divino cuento termina.
-Seamos conscientes de hacerlo bien,
Sentenció Jehová a su audiencia
Mientras el resto ya esperaba a ver
Cómo resultaba la experiencia.
Todos aguardaban menos Teresa
Que sin saber lo que allí hacía
Miraba perpleja a su alrededor
Para comprobar que no era Gandía
Que era donde ella debía estar
A estas alturas de aquel día.
¡Qué iba a pasar con sus 6 hijos!
A esta cuestión nadie le respondía.
-Hola rica, todos me llaman Venus.
Dijo sin más una imponente tía.
-Dios a secas es mi divino nombre,
Soltó un señor que no comprendía
Que Teresa pa´ fiestas no estaba
Entre gente tan, tan desconocida.
-Necesitas velo, le dijo Alá.
-Mira, guapo, en Coslada no se estila,
Mirando sus hermosos ojos negros
Como quien este mundo desafía,
Le espetó Teresa con mucha calma.
-Soy Teresa, dijo ella, supertímida.
-Yo Tata, un gran placer conocerte,
Y miró a Teresa con soez lascivia,
Justo antes de que papá Jehová
Le regalase su mirada fría.
Dios le dijo: -Yo te perdono.
Y todos suspiraron con desidia.
-Ya está bien de jueguecitos vanos
Que este trabajo no es una tontería.
Y ante estas palabras de Alá
Teresa pensó-¡Menuda pandilla!
Yo tengo rapidito que ir al médico,
A que me recete su medicina
Que si estos tíos son imaginarios
Quizás he perdido la cabeza mía.
Mientras todos ya se arremolinaban
En torno a la efervescente mesilla
Que en el centro rotunda se hallaba
Y mil piezas de barro contenía.
-Voy a empezar! Otra vez dijo Alá
Hablando entre una gran algarabía
De Dioses muy felices y contentos
Y una Teresa azul y sorprendida
Por un mareo repentino y grande
Que casi acaba con su fútil vida.
-Si estoy embarazada, me suicido.
Pensó mientras echaba la papilla
-¿Estás bien? le preguntó el Dios Tata
-¡Hombre, por Dios, que esa teta es mía!
Gritó Teresa mientras apartaba
De su pecho la manaza bandida
Que el caliente Tata travieso posó
Sobre ella sin esconder su alegría.
-Hijo, yo te perdono, dijo Dios
Que si lo piensas más bien parecía
Un cura plasta que un Dios de Verdad
-Se me cae el brazo y te suelto una hostia,
negrito de los cojones, dijo ella
Y al fin Tata su mirada escondía.
Pues en Coslada son así de bordes
Con los jetas que sus cuerpos codician.
-Mejor que te vayas acostumbrando,
Que esto parece un pulpo, sí, querida.
Susurró sutil Venus a Teresa
Metiendo los dedos en la herida.
Al acercarse despacio a la mesa
Teresa descubrió que allí en la esquina
Agachado y agarrando un martillo
Se encontraba otro Dios en cuclillas.
-¿Quién es ese pedazo de maromo?
Preguntó Teresa así de ojiplática
Admirando el cuerpazo del muchacho
Más guapo que vió en toda su vida.
-Tor, es su nombre. ¿Está bueno, verdad?
Esa pobre criatura todavía
No es capaz de comunicarse con nadie.
-Ah! Le conozco de la peluquería,
¿No es el australiano de Elsa Pataky?
Menudo marido se ha marcado la tía.
Y todos miraron a Teresa así
Como si hubiese pedido una ensaladilla.
-¡Calla, mujer! Voceó el gran Alá,
Levantándose veloz de su silla.
No ves que es un hombre atormentado
Pues ese bello actor de pacotilla
Es más hermoso de lo que él siempre fue
Careciendo de su esencia divina
Que un vulgar mortal no debería jamás
Superar ni en belleza ni elegancia
A todo un Dios con su martillo y todo
¡Qué hay que respetar la mitología!
-¡Al lío! Hay que trabajar que es tarde
Y sin falta acabar todo este día.
Y comenzaron todos a jugar
Con trozos de barro de la mesilla
Que eran todas partes del cuerpo humano
Como en aquel curso de anatomía
Que Teresa dio en la universidad
Cuando estuvo viviendo en Comillas.
Y comenzaron los Dioses a colocar
Las mil y una piezas que elegir podían
Para formar un pequeño muñeco
Que en la fuerte mesa se sostenía.
-Casi le pongo la pierna en el brazo,
Saltó Teresita un poco perdida.
-Esto lo voy a hacer en casa
Y pasar las tardes entretenida
Un día de estos de mucha lluvia
Con mis seis fieritas hiperactivas.
-¿Dónde estarán todos ellos ahora?
-Crear un Dios terrenal es cosa fina,
Concéntrate ya y no pienses en nada
Que este limbo enseguidita termina.
Le confesó Dios sin dar más detalle.
-Limbo suena a muerta, y yo estoy muy viva.
Dijo Teresa asustada y nerviosa
Con su cara completamente lívida.
-Viva estás, pero no sobre la Tierra.
Que para crear un Dios digno de Olimpia
Necesitamos tu ayuda más carnal
Que si no nos salen muy altivas,
Llenas de un orgullo grande y vanal
Las deidades que sobre el mundo habitan.
-No sé si está al revés, dijo Teresa.
Agarrando sin pudor la pilila
Del nuevo Dios de barro en construcción
Pegado con gotas de agua tibia.
Y sin vergüenza Teresa añadió
-Yo en esta parte más barro echaría.
Que solo tengo una oportunidad
Y nunca más me lo perdonaría
Si dejara a un Dios sin buenas armas
Para el amor y otras guarrerías.
-¡Ahora viene el culo! Dijo Venus
Aplaudiendo como si una chiquilla
Hubiese tomado su bello cuerpo.
Los ojos de Alá brillaban con rabia
-Perdónalas, Alá, no tienen control
Se comportan como dos tontas crías.
Intervino ágil Dios para poner paz
Y que allí reinara la armonía.
-No me parece bien lo que hacéis
-Alá el pobre hombre no comprendía
Que para crear un semi Dios terrenal
Hubiese que hablar de mil porquerías.
Y siguió con la matraca sin piedad
-No está bien que su pene le defina.
-¿Cómo coño me defino sin tetas?
Y no es que yo sea una vulgar guarrilla
Pero si por algo me habéis traído aquí
es para escuchar mi opinión sentida
y os digo que un hombre feliz en la Tierra
Un enorme nardo siempre necesita
Y si es una mujer dos buenas tetas
Que no les va a importar que les defina.
Y ya todos los Dioses asintieron
Ganando Teresa al fin la partida
Y de esta forma terminaron al Dios
Resultando que era una maravilla
Pues todo él sin aliento te dejaba
Si sobre él tu mirada detenías
Y contemplabas su tremendo porte
Con todas las virtudes necesarias
Para que los terrícolas incrédulos
Recordaran que los Dioses existían
Y que alguno andaba entre ellos
Y a otros casi nunca se les veía
Despidieron a Teresa que encantada
Les dijo que a todos les rezaría
Y que volvía rápido a Coslada
A preparar unas empanadillas
Para sus seis muchachitos glotones
Y para postre una buena sandía.
-Necesito que algún Dios sin demora
Me acerque rápido a la guardería
Que el pequeño sale justo a las cinco
Y aquí ya se acabó la tareita.
-Yo no estoy bajando a ese nivel nunca,
Te acerco a una estación de Cercanías.
Y de paso dejo al nuevo allí abajo
Para que comience su nueva vida.
Y así fue como Teresa y los Dioses
Crearon juntos aquella maravilla
Llamada en la tierra Paul Newman
Y así este divino cuento termina.