Publicado en Curso Escritura, Relato

Dos monólogos

 

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Tengo un culo enorme con estos vaqueros. Se podría decir que prácticamente descomunal. No sé cómo tengo las narices de presentarme así en esta mierda de fiesta, pero es que no he encontrado en el armario ningún otro pantalón que me sirva. No puedo respirar. El infame botón de metal se me está clavando en el ombligo, y creo que voy a necesitar cirugía para sacarlo de ahí. Siento en todo mi desmesurado trasero como se marcan las costuras de esta prisión de tela, y casi duele. No ha sido buena idea venir con las tetas fuera para que no me miren el culo. Mira, ahí viene otro: culo gigante, tetas fuera. Ese es el recorrido de los ojos de todos los seres humanos que me examinan, sin importar sexo, edad o condición etílica. Me voy a tomar tres tequilas del tirón para pasar este trago con menos conciencia. Preferiría un gintonic como anestesia, pero no cabe dentro de estos malditos vaqueros. Puedo sacarle un ojo a alguien con el puto botón incrustado. Al menos así me ahorraría el quirófano. ¡Joder, que bueno está el tequila! Ya noto como me resbala todo un poco más.

¿Y tú quién eres, chiquilla? Esa tampoco es una frase muy acertada, chaval. Tronco, piensa en algo rápido, que se está tomando los tequilas como si fuesen leche, y va a caer inconsciente en tres minutos. Y serás muy vicioso, pero no te gusta hacértelo con cadáveres alcoholizados. Como vuelva a girarse a coger otro tequila, voy a tener que cortarme las manos para mantenerlas lejos de ese increíble culazo. ¡Dios! No lo hagas más, guapa. Me voy a quedar sin sangre en el cerebro, por favor, deja de moverte. ¿Me llamo Arturo, y tú? Joder, así te vomita directamente de aburrimiento. ¡Piensa, coño!

Ale, otro subnormal que no ha visto una gorda en su vida. Sí, hombre, sí. Aunque parezca una televisión es mi culo, gilipollas. Como venga y me suelte alguna gracia de borracho salido, le abro la cabeza con la botella de tequila. Y es que con este tamaño que tengo, me esconda donde me esconda, me va a encontrar. Mira a tu novia de 200 gramos, idiota. No todo el mundo tenemos ese cuerpazo que gastas pero yo también tengo derecho a existir, aunque casi me escupan al entrar en Stradivarius.

A tomar por culo, está bebiendo tequila directamente de la botella. Vamos, tronco, que no se diga. Me encanta esa pava. Tiene pinta de haber llegado esta noche directa desde Marte, con su tequila, sus ojazos verdes, su culo para perderse 5 horas y sus tetas casi al aire. Vamos allá. Compórtate y no le mires las tetas. No la cages, pringao.

-Hola guapa, buenas noches. Estás tremenda.

– ¡Ya! Y tú eres gilipollas.

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