Vengo, mi flaca, de la calle y están jarreando mujeres,
morochas, rubias, jaquetonas, menuditas.
Todas llevan un prado recién segado oliendo en el pelo;
de la mayoría manan risas de gorrión,
y casi todas vuelan en grupos sobre los estanques.
Y te digo, flaca, el cuello se me ha girado,
¿seis veces? Bueno, no tantas.
Abrí el periódico en el café.
El hombre del tiempo dice que seguirá así unas semanas.
Espero que sabrás perdonarnos a mí y a Mayo.

