
“Esto definitivamente no es lo que me habían contado. Me habían hablado de mil y una torturas. En el huerto, todos te asustaban desde semilla, describiendo con detenimiento los mil horrores que pueden hacer con un pobre pepino crecidito. Cuando llegué a tamaño adulto, mis pepitas internas temblaban de miedo. Me iban a cortar en pedazos, a masticar, a echar sal en las heridas y después vinagre…Pero esto no es lo que yo esperaba. Estoy en un lugar bastante acogedor y calentito. Lo único que no termina de encajarme es este trasiego continuo que me traigo dentro y fuera del refugio. Al menos, una mano humana muy suave me acaricia y me guía en el camino. Dentro, fuera, dentro, fuera. No entiendo donde me va a llevar todo esto, pero mientras no vea un cuchillo cerca, todo va bien.”
