Publicado en Curso Escritura, Microrrelatos

Sólo un cuerpo

Esto me lo sé. Siempre es lo mismo, dos brazos, dos piernas, un pecho, un culo, unos labios, una cara, un cuello, y otra vez los labios. La anatomía no tiene ningún secreto, no es algo extraño. No tiene nada que no haya visto ya. El proceso me lo sé de memoria, incluso diria que lo tengo automatizado. Tampoco me toca de manera diferente, no me mira de forma diferente ni me besa de manera difetente. Pero este cuerpo me petrifica y excita a partes iguales. Es especial, no quiero tocarlo por temor a que no sea real, pero tampoco puedo no hacerlo. Esa mezcla de sensaciones que invaden tu cuerpo: la humedad, el cosquilleo en el estomago y ese «¿No hace calor aquí?». 
El acercamiento tampoco es distinto a tantos otros. Ni el momento en que sabes que vais desnudarnos el uno al otro, con la prisa que te da el saber a ciencia cierta lo que viene después. Eso que suena alto y claro es el latido de mi corazón al sentir su mano sobre mi espalda intentando atraerme hacia él aún más fuerte. ¿Le llegará el sonido, o estará demasiado ocupado escuchando el suyo? En realidad, es lo de menos, cuando puedo entretenerme paseando los dedos por su pelo, los labios por su cuerpo o rodearle con las piernas, y cambiar de intensidad según me lo vaya pidiendo su aliento en mi cuello, o mi piel de gallina, o el deseo irrefrenable de fundirnos en un beso perfecto. Hasta que nos cansemos o hasta que salga el sol, lo que ocurra primero. En ese preciso instante en el que vuelve a ser solamente dos brazos, dos piernas, un pecho, un culo, unos labios, una cara y un cuello. Y otra vez unos labios que no negaré que me vuelven loca.

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