Publicado en Curso Escritura, Relato

Sangre

Otra vez,  con sangre en las manos. Sé que no debería de sentirme bien, pero no puedo evitarlo. No es el hecho de quitar un vida lo que me gusta, para nada. Es la sensación de la sangre caliente y pegajosa en mis dedos. Me hace sentirme poderoso, como si pudiera hacer cualquier cosa que me propusiera. A veces, en el trabajo, en ese ambiente hostil y desolador me imagino sacando un cuchillo y dejando volar mi imaginación. Ahí mismo, delante de todo el mundo. Es posible que así, dejaran de llamarme aburrido, o el rarito. Que se creen que no les oigo cuando cuchichean a mis espaldas. Psicópata. O asesino. Cualquiera de las dos me serviria como descripción en conversaciones de comida. Cualquier cosa menos seguir  aguantando las bromas pesadas. Desde pequeño. los niños pueden ser muy crueles, me decían. Fingia un millón de enfermedades raras con tal de no ir. Hasta un día le dije a mi madre «creo que me ha bajado la regla» y claro, también pasé a ser la mofa de las comidas familiares. Hasta ese momento había soñado con ser mayor, pensando que en la edad adulta todo pasaría. Y lo que ha pasado desde mi mayoria de edad no  ha hecho más que confirmar lo que sospechaba. Que nada cambia. Que el objeto de burlas no cambia cuando yo estoy presente. Así que aquí estoy, con otro muerto a mis espaldas. Este tampoco se ha sublevado. Si supieran lo poco que me resistiria a que me clavaran un cuchillo para acabar con mi vida, seguro que lo harían.