Desde una viga del techo escuchó el sonido de madera quemada quebrandose sobre la cama en la que ella yacia sólo unos minutos antes. Esa misma cama en la que hace unos dias pilló a Juan con Merche y sobre la que le puso las maletas para no volver a verle. La cama dónde habían pasado años buscando los niños que nunca llegaron y el refugio de tantas lagrimas vertidas por las decepciones. La cama que hace un rato, con un mechero en la mano, quería perder de vista y que ahora, petrificada y envuelta en llamas, sabía que era su único hogar.
