Publicado en Curso Escritura, Relato

Dos monólogos

 

images[6]

Tengo un culo enorme con estos vaqueros. Se podría decir que prácticamente descomunal. No sé cómo tengo las narices de presentarme así en esta mierda de fiesta, pero es que no he encontrado en el armario ningún otro pantalón que me sirva. No puedo respirar. El infame botón de metal se me está clavando en el ombligo, y creo que voy a necesitar cirugía para sacarlo de ahí. Siento en todo mi desmesurado trasero como se marcan las costuras de esta prisión de tela, y casi duele. No ha sido buena idea venir con las tetas fuera para que no me miren el culo. Mira, ahí viene otro: culo gigante, tetas fuera. Ese es el recorrido de los ojos de todos los seres humanos que me examinan, sin importar sexo, edad o condición etílica. Me voy a tomar tres tequilas del tirón para pasar este trago con menos conciencia. Preferiría un gintonic como anestesia, pero no cabe dentro de estos malditos vaqueros. Puedo sacarle un ojo a alguien con el puto botón incrustado. Al menos así me ahorraría el quirófano. ¡Joder, que bueno está el tequila! Ya noto como me resbala todo un poco más.

¿Y tú quién eres, chiquilla? Esa tampoco es una frase muy acertada, chaval. Tronco, piensa en algo rápido, que se está tomando los tequilas como si fuesen leche, y va a caer inconsciente en tres minutos. Y serás muy vicioso, pero no te gusta hacértelo con cadáveres alcoholizados. Como vuelva a girarse a coger otro tequila, voy a tener que cortarme las manos para mantenerlas lejos de ese increíble culazo. ¡Dios! No lo hagas más, guapa. Me voy a quedar sin sangre en el cerebro, por favor, deja de moverte. ¿Me llamo Arturo, y tú? Joder, así te vomita directamente de aburrimiento. ¡Piensa, coño!

Ale, otro subnormal que no ha visto una gorda en su vida. Sí, hombre, sí. Aunque parezca una televisión es mi culo, gilipollas. Como venga y me suelte alguna gracia de borracho salido, le abro la cabeza con la botella de tequila. Y es que con este tamaño que tengo, me esconda donde me esconda, me va a encontrar. Mira a tu novia de 200 gramos, idiota. No todo el mundo tenemos ese cuerpazo que gastas pero yo también tengo derecho a existir, aunque casi me escupan al entrar en Stradivarius.

A tomar por culo, está bebiendo tequila directamente de la botella. Vamos, tronco, que no se diga. Me encanta esa pava. Tiene pinta de haber llegado esta noche directa desde Marte, con su tequila, sus ojazos verdes, su culo para perderse 5 horas y sus tetas casi al aire. Vamos allá. Compórtate y no le mires las tetas. No la cages, pringao.

-Hola guapa, buenas noches. Estás tremenda.

– ¡Ya! Y tú eres gilipollas.

Publicado en Curso Escritura, Microrrelatos

José Luis

Podría haber sido como cualquier otro día. Podría haberse levantado a las 7 de la mañana, haber preparado café y tostadas y despertar a su esposa con un beso en la mejilla y un «buenos días». Podría haber cogido el 36 para ir a trabajar, con su cuaderno en ristre, y quizá hubiera podido componer una canción sobre aquella pareja tan acaramelada que, cada mañana, veía en la glorieta de Embajadores, deseándose un buen día y despidiéndose con un cariñoso beso. Cualquier otro día le hubiera recordado a Marisa y a él cuando eran novios y aún no había llegado el jaleo de la rutina y los niños a casa. Podría haber pasado toda la jornada dando martillazos a diestro y siniestro, como cada día, en ese rítmico caos que acababa por forjar el hierro. Incluso puede que se tomara un chato en el bar de la esquina con sus compañeros que ya, después de 20 años, no eran sólo ese grupo con el que versionaban los clásicos de rock los sábados por la mañana. Y tal vez hubiera acabado el día arreglando el mundo con su mujer, o poniéndolo patas arriba o, simplemente leyendo cada uno en su rincón de la cama. Pero ese día no fue como los demás. El despertador no funcionó y José Luis no se despertó a las 7. Sólo le dio tiempo a vestirse y salir, a coger el primer taxi que pasaba para poder llegar tarde al trabajo. Ni siquiera se acordó de su libreta, que tan bien le hubiera venido para calmar los nervios en el trayecto, pero tampoco le dio tiempo a maldecir, porque, de repente tan solo hubo un fundido a negro y mucha confusión. Sirenas y luces amarillas. Un chavalín encima de él con una bata enorme, muchos focos apuntándole, varios pitidos desacompasados y su cabeza buscando los acordes de Knockin’ on Heaven’s Door. Si su vida tenía banda sonora no podía imaginar un cierre mejor.

Pero ese, no era su día. Tras un par de semanas en coma, otro martes atípico se despertó, oyendo de fondo las risas de sus nietos, los sollozos de su Marisa, que sabía que eran de alegría y rodeado de flores y tarjetas de buenos deseos por toda la habitación.

– Buenos días José Luis, soy el Doctor Gordillo. Tómeselo con calma, que aún le queda tiempo para recuperarse. Tuvo un accidente y, como consecuencia, un fallo cardiaco. Tuvimos que inducirle el coma y hacerle un trasplante de corazón.

Esas fueron, en resumidas cuentas las palabras del médico, pero en realidad no le escuchaba, solamente podía mirarle a esos ojos azules y vidriosos que parecían decirle que había luchado mucho porque estuviera vivo. Más le valía que cuidara ese corazón, creyó percibir, y, desde luego, mirando a su alrededor, encontró mil razones para hacerlo.

Joaquín

Joaquín empezó el día como cualquier otro. Nunca necesitaba despertador porque su cabeza no sabía lo que era descansar más de cuatro horas seguidas. – Gajes del oficio-
le decía a su novia cuando le echaba la bronca- además, de otra manera no podría ver lo guapa que estas mientras duermes. Carolina, cuando lo oía, siempre se imaginaba con la boca abierta, roncando y con la baba colgando lo que les llevaba a un ataque de risa y bromas mañaneras.

Como cualquier otro día, salieron de casa con las manos entrelazadas y planificando mentalmente el próximo viajes de sus sueños. En la Glorieta de Embajadores se pararon como cada mañana, cinco minutos para repasar sus respectivas agendas, desearse un buen día y despedirse con un gran beso antes de proseguir con sus rutinas.

Y para él siguió su típico martes. Llegó al hospital, se puso la bata, se convirtió en el Doctor Gordillo y se preparó para su turno en urgencias. Nada más llegar le tocó recibir a un paciente que ni se podía imaginar que fuera a ser tan especial. Varón, de aproximadamente 60 años, complexión atlética, víctima de un accidente de tráfico en la calle de Moratines -¿ De qué me suena? ¿No era ahí donde Carolina tenía una reunión a primera hora?- siguiendo con el procedimiento, la primera evaluación de daños parecía muy clara. Magulladuras por todo el cuerpo, tres costillas rotas y un pequeño hemotorax. Tras una operación sencilla consiguió estabilizarlo, pero no había salido de la anestesia cuando le falló el corazón y tuvo que inducirle un coma para ponerle en bypass. Después, solo le dio tiempo de inscribirle en la lista de trasplantes e
ir a hablar con su familia cuando vio a dos compañeros llamándole, con muy mala cara.

– Es Carolina, la han atropellado. Los sanitarios de la ambulancia reconocieron tu nombre como contacto de emergencia y la trajeron aquí, pero no pudieron hacer nada por ella. Ha ingresado en muerte cerebral y solo hemos podido conectarla a la espera de informarte.

¿Por qué tenía que ser un día como cualquier otro? ¿Por qué no llamaron al trabajo inventándose cualquier enfermedad para quedarse en casa haciendo nada? O ¿ por qué no, simplemente, alargaron ese último beso 10 segundos para burlar al destino?

Los días siguientes, no sé si era Joaquín o el Doctor Gordillo el que encontró fuerzas para despedirse de Carolina y hacerle las pruebas de compatibilidad con el abuelo Pepelu, como le llamaban sus nietos cuando por las tardes hacía su ronda. El caso es que cuando su paciente abrió los ojos no pudo evitar emocionarse pensando que de nuevo, ese que era su corazón, tenía mil razones para latir.

Publicado en Curso Escritura

No quieres ser como yo

Créeme, no quieres ser como yo. De primeras puede que parezca una gran idea. Es una chica guapa, independiente, con su buen trabajo, un puñado de amigos y su casa. Pero para ser como yo existen sacrificios que debes hacer.

Para empezar tienes que desconfiar de todo el mundo. Tranquila, porque eso no va cambiando según vayas conociendo a la gente, ya que siempre vas a ver más allá y habrá algo que consiga decepcionarte. Así, hasta que no haya nadie a tu lado.

También tendrás que aprender a vivir dentro de un cuerpo que te resulta extraño, que no va acorde con tu cabeza y que te obliga a parar cuando tu cerebro esta trabajando al máximo nivel. Y créeme cuando te digo que esas dos cosas son tan incompatibles como la nieve en verano o el amor con los tiempos que corren.

Tampoco puedes saber cómo expresarte. Si lo haces, la gente empatizará contigo, te entenderán e incluso pueden que te tomen algo de cariño y eso sería un hito nuevo en esta historia.

Puedes pensar que eres buena en algo. En tu trabajo, en tu vida social o en una actividad en particular. Pero sólo puedes elegir una cada vez y sólo por un ratito. Si realmente te das cuenta de que vales más de lo que nunca sentiste, no vas por el buen camino. Quizá puedas ser otra persona, pero desde luego no eres yo.

Créeme, no quieres ser como yo. Ni tan siquiera yo quiero ser como yo.

Publicado en Curso Escritura, Escritura diaria

Ojala tu…

Ojala tu con una loca como yo que te haga posar tus pensamientos en el limite del cielo, que con una sonrisa te haga olvidar todas tus penas, que en cada suspiro grite tu nombre en el rincon mas prohibido de la calle mayor, que con un «venga tio no es para tanto» te haga perder los pantalones, que con sus locuras te haga sentir vivo en este puto mundo que cada dia te regala una oportunidad para sentirla, tocarla, amarla…

Publicado en Curso Escritura, Relato

Mi bella durmiente

En el castillo, todo era alegria. No se había visto una niña igual en todo el reino. Desprendia una luz que embriagaba a todos los asistentes y, así, fueron llegando de todos los rincones con sus bendiciones.
Ay, la pobre bruja mala, que estaba en casa comiéndose las uñas ya que, el que fuera el amor de su juventud habia elegido a una reina, digamos más adecuada. Desde luego la niña hubiera salido más resultona siendo suya.

¿Podría colarme en sus aposentos mientras duermen, con una capa de noche, a hacerle recordar lo que en su lecho pasaba de joven? -pensaba la malvada-  Espera un momento… ¡en dormir está la clave! Ahora mismo me pongo el ahumado en los ojos y me lanzo al bautizo multitudinario, que seguro que no piden invitación ¡A esa niña la duermo yo como que me llamo Malefica!

Y allá que se fue, con su esencia de morfeo recien destilada dispuesta a todo. Pero entre tanta hada buena era muy difícil hacer un conjuro en condiciones.

Después de una larga espera en la cola, ya era su turno en la cuna real pero lo único que podía ver eran esos ojos azules que la llevaban por la calle de la amargura. Los mismos ojos que brillaban al verla allí.  Seguro que fue sólo un segundo pero a ella le parecieron horas. Pero tenía un trabjo que hacer. Estaba ya apunto de abrir el bote del sueño cuando su rey se levantó, como impulsado como un resorte, la cogió en brazos y saliendo del castillo gritaba » Maléfica, siempre has sido mi mejor mala compañía»

Y tirando la esencia de morfeo al pueblo, los dejó dormidos para siempre, niña y esposa incluidas, y Maléfica y su Rey vivieron felices y comieron perdices.

Publicado en Curso Escritura, Poesía

Sin más

Sin más. No he perdido la cabeza. O quizá sí. No lo sé. No quiero pensar. Pero si no lo hago,mi cabeza se siente con total libertad para volver a revivir ese momento una y otra vez. En bucle infinito. No empieza siempre en el mismo punto. Esta mañana comenzó con aquella mirada furtiva que quiso perderse porque estaba destinada a encontrarse. De esas miradas que no necesitan subtítulos, ya sabes lo que viene detrás. Y cuando empieza la función, sigues el guión a la perfección. El baile de manos entre los cuerpos desnudos es casi hipnótico. El brazo, el cuello, su cara, saco uñas para bajar la caricia por la espalda, y ahora viene el culo.

Abre los ojos, no te dejes llevar. Pero voy a empezar otra vez. Pero mi cabeza no quiere. Pero mi cuerpo me implora que continue. Otro salto, y tengo su cabeza en mi cuello, y ahora en mi vientre, y sólo un segundo más tarde entre mis piernas. No hay una parte de mi cuerpo que no se estremezca.

Soy consciente de no estar haciéndolo bien. No es lo correcto. ¿Y que lo es? ¿Dónde está esa línea entrr el bien y el mal? Quizá sólo aparezca y desaparezca a conveniencia, como sus labios juguetones pegados a los mios, o sus brazos intentando abarcar todo mi cuerpo a la vez, cómo si fuera un pulpo, o su lengua en esa teta que antes era mía y ahora, sólo tiene su marca grabada a fuego. Pero ¿cómo coño me defino yo sin tetas?

No debería darle más de lo que se ha llevado ya. Entonces, ¿por qué le sigo entregando mi tiempo? No voy a bajar a ese nivel. ¿A qué nivel? Ya no hay pisos más abajo. Definitivamente es un sótano oscuro dónde sólo está él, y su cara encima de mi, mirándome como si quisiera vivir así para siempre. Dentro de mi. Tan dentro que duele el corazón.

Publicado en Curso Escritura

Te observe… Parte I

Hola Amigo!

No se como empezar esto, lo he pensado tanto: hacer una poesía, un relato, un cuento… Miles de ideas, pero ninguna segura. Asi que he decidido contarlo a mi manera, contar todo lo que hay en mi cabeza, no tiene un principio son solo cosas que se me van ocurriendo en el camino de los dias y que se me antojan escribir sin un fin determinado.

El otro dia te observe y mori, me imagine tantas cosas que podian estar pasando por tu cabeza, en esa mente tan brillante que tienes y que ha simple vista no nos damos cuenta, pero siento que hay pensamientos que nunca haz compartido nisiquiera con la almohada, pensamientos tan alejados del mundo que te rodea. Cuanto daria por estar un minuto en esos momentos de soledad que tienes y de pensamientos prohibidos que me atrevería a decir que son prohibidos hasta para ti.

Te observe, observe esos ojos color verdes que se quedan fijos en algún punto muerto de este mundo que tanto nos acerca y nos une en los peores momentos del dia. Antes no te prestaba atención, creo que me daba miedo saber quien eras, solo te miraba y me olvidaba de que el mundo existia trataba de obviar que podiamos ser amigos, de tener algún contacto en estos meses, pero no se cuando paso, cuando dejaste de ser la persona que solo sabía que estaba y te convertiste en mi persona, si, eres mi persona, mi apoyo emocional, te convertiste en alguien muy importante en mi vida, eres unico y creo que desde ese dia te empece a observar, a prestar atención a tus movimientos, a tu cuerpo, tus palabra, tu mirada fija en ese punto donde nunca me dejas entrar, que me deja tan lejos de quien eres, de que sientes, de que anhelas, de que amas.

Me encantaria saber un poquito sobre ti, no eres de mucho hablar sobre las cosas que te mueven, me encantaria saber si alguna vez has amado tan fuerte que te han roto el corazón, creo que lo han hecho, que has pasado por cosas muy dificiles y que por vergüenza, orgullo o simplemente dolor las has enterrado en el fondo de tu mente y tu corazón, pero que alguna vez han resucitado como un monstruo que te acecha en la oscuridad esperando el momeno para salir ha destrozarte y hacer que por algunos momentos odies la vida, pero nunca lo sabre a ciencia cierta porque para mi eres la persona más feliz que existe en todo el mundo, el que nunca he visto caer y tambalearse, el que siempre esta ahí para recogerme.

Publicado en Curso Escritura

Ella

¿Es que no la ves? Como se despierta y sonrie, como corre por el pasillo ganandole al reloj y peliandole al tiempo esos minutos que me regala en ese beso de los Buenos dias mientras en un susurro me dice he perdido la cabeza desde el dia que te deje entrar en mi vida.

¿Es que no la escuchas? Como va por los rincones peliando con ella misma diciendo a voces «esto parece un pulpo» cuando ve toda mi ropa encima de su silla y se rie con ganas tratando de adivinar que es cada cosa y dice «no se si esta del reves o al derecho» y se rinde en el minuto cero de su juego.

¿Es que no la sientes? Yo no puedo dejar de tocarla que se me cae el brazo en sus caderas que pensar ahora viene el culo me hace estañar de emoción que con cada milímetro de su cuerpo puedo crear una historia donde poso mis manos firmes y declaro esta teta es mia y dice en lo más bajo de su voz «si es tuya como coño me defino sin tetas» y en un segundo me absorbe en su risa.

¿Es que no la ves? Como se mira en el espejo y se repite «venga bonita hoy voy a empezar otra vez seamos conscientes de hacerlo bien» y se marcha dejando un vacio en su lado de la cama.

¿Es que no entiendes? Que no puedes no mirarla, no escucharla, no sentirla, no amarla, es que desde el dia que la vi y me dijo «venga esto lo voy hacer en casa, vamos por unas copas» casi pongo la pierna en el brazo y la cabeza en el cielo. Es que desde ese día quería cambiar su mundo pero ojo que no estoy subiendo a ese nivel porque ella cambio el mio.

Publicado en Curso Escritura, Relato

Relato semanal

Viernes, tres de la tarde. Me encanta ese momento de la semana en el que estas apagando el ordenador y tienes todo el fin de semana por delante. – Pues no me va Internet, oigo decir a la pesada del fondo. – Nuria, a estas horas no tengo que estar pendiente del wifi, y dejalo ya, que no vas a heredar la empresa.
El resto de la tarde discurre entre cervezas, risas, tapas, saltos de calidad a los gin tonics, exaltaciones de la amistad y sin poder pronunciar la «r», hasta llegar a la amnesia. Claro que el día siguiente no es mucho peor. El que dijo que la resaca se pasaba con cerveza seguro que era el dueño de Mahou, pero yo siempre he sido muy de placebos y antes de que llegue la hora de la cena ya estoy con el móvil, cual arma de destrucción masiva, marcando el teléfono de mi ex. Creo recordar a alguien gritando «tu no estas pensando en lo que estas haciendo» y esta claro que no lo sabía porque el domingo me levanté en esa cama tan ajena como conocida. Sólo pude comenzar a gritar «Mierda» en mi cabeza cuando se abrió aquella boca que sonreia a mi lado.
– Bueno, y ¿ahora qué? porque esto significará algo ¿no?
– Por favor, Clara, callate un poco, dejame pensar.

Bien chaval, lo suficientemente ambiguo para que te deje trazar un plan de huida. Sí, pero no. Tengo que irme. No te he olvidado, pero no estoy en ese momento. Un polvo mal echado por compasion y un mañana te llamo.

Ya eran más de las doce cuando abro la puerta. ¡Mi casa! ¡Por fin! Técnicamente ya es lunes, pero me llega ahora ese momento tan dominguero de «No me vuelvo a emborrachar » Parece que con la edad todo se va retrasando. El martes aún sigo pensando en Clara o, mejor dicho, intentando atar los cabos que me traen las pequeñas islas de la gran laguna que es aquella noche. Lo único que tengo claro es que no quieri volver a esas discusiones de ventanas abiertas y trastos volando en las que desembocaban el un, dos, tres del amor. Posibles respuestas a la pregunta ¿Qué te pasa, cari? Como por ejemplo, “No sé, tú sabrás”, responda otra vez:
– ¿A MI?? ¿NADAAA?
– ¿En serio no lo sabes?
– Nada, estoy fenomenal, como tu nueva amiguita del Facebook…
Campana y se acabó. Necesito hablarlo con alguien, así que convoco al consejo de sabios el miércoles. Abrazo a mi amigo Giancarlo. Es un abrazo grande y entregado entre dos grandes amigos. Nada, todo postureo. Es el único del grupo de siempre que todavía me aguanta. No es que me caiga bien, pero a nuestra edad ya vamos quedando pocos en el país de nunca jamás. “Vaya mierda de semana que llevas” es su conclusión tras tres horas de conversación. Siempre sospeché que no era muy listo.
De todos modos, razón no le falta. Quizá debería hacer algo con mi vida, tan llena de relaciones sin sentido y de alcohol en vena. Pero hoy es juernes y, en el fondo, ya sé para siempre, que sólo está vacía.

Publicado en Curso Escritura

Expresando sentimientos: Amor

No me puedo creer que llegue este momento. Sí, es cierto, cada día es igual pero siempre es diferente. No sabría explicar lo que me pasa por la cabeza, o las mariposas que siento en el estómago cuando se acerca la hora. El resto de día me es indiferente. Puedo estar haciendo algo o no. Puedo estar matando el tiempo o muñecos de trapo. Lua es buena compañía pero nada ni nadie hace que se me iluminen los ojos como ella. Sé que no vamos a hacer ningún plan nuevo y emocionante, pero el simple hecho de pasear por el parque a su lado me hace no desear nada más. La semana pasada, un día llegó malhumorada del trabajo. Había tenido un día duro y tuve que sacar mis mejores armas de seducción. ¿Qué si conseguí hacerle reír? ¿Acaso lo dudabas?

Pasamos apenas tres horas juntos al día, pero las vivo intensamente sin separarnos ni un segundo. Cuando llega la hora de dormir, siempre me avisa para que me tumbe junto a ella en la cama. Puede que ese sea, definitivamente, mi momento favorito del día. Me mira y el tiempo se paraliza. Sé que conoce cada mancha de mi cuerpo y le encanta acariciar todas ellas mientras hace balance del día y repasa mentalmente la agenda del día siguiente. En ese instante en el que se le cierran los ojos, me encantaría poder decirle «buenas noches», pero sólo puedo ladrar y hacer que mi cola inquieta se exprese por mi.