Publicado en Curso Escritura, Poesía

Sin más

Sin más. No he perdido la cabeza. O quizá sí. No lo sé. No quiero pensar. Pero si no lo hago,mi cabeza se siente con total libertad para volver a revivir ese momento una y otra vez. En bucle infinito. No empieza siempre en el mismo punto. Esta mañana comenzó con aquella mirada furtiva que quiso perderse porque estaba destinada a encontrarse. De esas miradas que no necesitan subtítulos, ya sabes lo que viene detrás. Y cuando empieza la función, sigues el guión a la perfección. El baile de manos entre los cuerpos desnudos es casi hipnótico. El brazo, el cuello, su cara, saco uñas para bajar la caricia por la espalda, y ahora viene el culo.

Abre los ojos, no te dejes llevar. Pero voy a empezar otra vez. Pero mi cabeza no quiere. Pero mi cuerpo me implora que continue. Otro salto, y tengo su cabeza en mi cuello, y ahora en mi vientre, y sólo un segundo más tarde entre mis piernas. No hay una parte de mi cuerpo que no se estremezca.

Soy consciente de no estar haciéndolo bien. No es lo correcto. ¿Y que lo es? ¿Dónde está esa línea entrr el bien y el mal? Quizá sólo aparezca y desaparezca a conveniencia, como sus labios juguetones pegados a los mios, o sus brazos intentando abarcar todo mi cuerpo a la vez, cómo si fuera un pulpo, o su lengua en esa teta que antes era mía y ahora, sólo tiene su marca grabada a fuego. Pero ¿cómo coño me defino yo sin tetas?

No debería darle más de lo que se ha llevado ya. Entonces, ¿por qué le sigo entregando mi tiempo? No voy a bajar a ese nivel. ¿A qué nivel? Ya no hay pisos más abajo. Definitivamente es un sótano oscuro dónde sólo está él, y su cara encima de mi, mirándome como si quisiera vivir así para siempre. Dentro de mi. Tan dentro que duele el corazón.

Publicado en Poesía

DIOSES

dioses

-Seamos conscientes de hacerlo bien,

Sentenció Jehová a su audiencia

Mientras el resto ya esperaba a ver

Cómo resultaba la experiencia.

Todos aguardaban menos Teresa

Que sin saber lo que allí hacía

Miraba perpleja a su alrededor

Para comprobar que no era Gandía

Que era donde ella debía estar

A estas alturas de aquel día.

¡Qué iba a pasar con sus 6 hijos!

A esta cuestión nadie le respondía.

-Hola rica, todos me llaman Venus.

Dijo sin más una imponente tía.

-Dios a secas es mi divino nombre,

Soltó un señor que no comprendía

Que Teresa pa´ fiestas no estaba

Entre gente tan, tan desconocida.

-Necesitas velo, le dijo Alá.

-Mira, guapo, en Coslada no se estila,

Mirando sus hermosos ojos negros

Como quien este mundo desafía,

Le espetó Teresa con mucha calma.

-Soy Teresa, dijo ella, supertímida.

-Yo Tata, un gran placer conocerte,

Y miró a Teresa con soez lascivia,

Justo antes de que papá Jehová

Le regalase su mirada fría.

Dios le dijo: -Yo te perdono.

Y todos suspiraron con desidia.

-Ya está bien de jueguecitos vanos

Que este trabajo no es una tontería.

Y ante estas palabras de Alá

Teresa pensó-¡Menuda pandilla!

Yo tengo rapidito que ir al médico,

A que me recete su medicina

Que si estos tíos son imaginarios

Quizás he perdido la cabeza mía.

Mientras todos ya se arremolinaban

En torno a la efervescente mesilla

Que en el centro rotunda se hallaba

Y mil piezas de barro contenía.

-Voy a empezar! Otra vez dijo Alá

Hablando entre una gran algarabía

De Dioses muy felices y contentos

Y una Teresa azul y sorprendida

Por un mareo repentino y grande

Que casi acaba con su fútil vida.

-Si estoy embarazada, me suicido.

Pensó mientras echaba la papilla

-¿Estás bien? le preguntó el Dios Tata

-¡Hombre, por Dios, que esa teta es mía!

Gritó Teresa mientras apartaba

De su pecho la manaza bandida

Que el caliente Tata travieso posó

Sobre ella sin esconder su alegría.

-Hijo, yo te perdono, dijo Dios

Que si lo piensas más bien parecía

Un cura plasta que un Dios de Verdad

-Se me cae el brazo y te suelto una hostia,

negrito de los cojones, dijo ella

Y al fin Tata su mirada escondía.

Pues en Coslada son así de bordes

Con los jetas que sus cuerpos codician.

-Mejor que te vayas acostumbrando,

Que esto parece un pulpo, sí, querida.

Susurró sutil Venus a Teresa

Metiendo los dedos en la herida.

Al acercarse despacio a la mesa

Teresa descubrió que allí en la esquina

Agachado y agarrando un martillo

Se encontraba otro Dios en cuclillas.

-¿Quién es ese pedazo de maromo?

Preguntó Teresa así de ojiplática

Admirando el cuerpazo del muchacho

Más guapo que vió en toda su vida.

-Tor, es su nombre. ¿Está bueno, verdad?

Esa pobre criatura todavía

No es capaz de comunicarse con nadie.

-Ah! Le conozco de la peluquería,

¿No es el australiano de Elsa Pataky?

Menudo marido se ha marcado la tía.

Y todos miraron a Teresa así

Como si hubiese pedido una ensaladilla.

-¡Calla, mujer! Voceó el gran Alá,

Levantándose veloz de su silla.

No ves que es un hombre atormentado

Pues ese bello actor de pacotilla

Es más hermoso de lo que él siempre fue

Careciendo de su esencia divina

Que un vulgar mortal no debería jamás

Superar ni en belleza ni elegancia

A todo un Dios con su martillo y todo

¡Qué hay que respetar la mitología!

-¡Al lío! Hay que trabajar que es tarde

Y sin falta acabar todo este día.

Y comenzaron todos a jugar

Con trozos de barro de la mesilla

Que eran todas partes del cuerpo humano

Como en aquel curso de anatomía

Que Teresa dio en la universidad

Cuando estuvo viviendo en Comillas.

Y comenzaron los Dioses a colocar

Las mil y una piezas que elegir podían

Para formar un pequeño muñeco

Que en la fuerte mesa se sostenía.

-Casi le pongo la pierna en el brazo,

Saltó Teresita un poco perdida.

-Esto lo voy a hacer en casa

Y pasar las tardes entretenida

Un día de estos de mucha lluvia

Con mis seis fieritas hiperactivas.

-¿Dónde estarán todos ellos ahora?

-Crear un Dios terrenal  es cosa fina,

Concéntrate ya y no pienses en nada

Que este limbo enseguidita termina.

Le confesó Dios sin dar más detalle.

-Limbo suena a muerta, y  yo estoy muy viva.

Dijo Teresa asustada y nerviosa

Con su cara completamente lívida.

-Viva estás, pero no sobre la Tierra.

Que para crear un Dios digno de Olimpia

Necesitamos tu ayuda más carnal

Que si no nos salen muy altivas,

Llenas de un orgullo grande y vanal

Las deidades que sobre el mundo habitan.

-No sé si está al revés, dijo Teresa.

Agarrando sin pudor la pilila

Del nuevo Dios de barro en construcción

Pegado con gotas de agua tibia.

 Y sin vergüenza Teresa añadió

-Yo en esta parte más barro echaría.

Que solo tengo una oportunidad

Y nunca más me lo perdonaría

Si dejara a un Dios sin buenas armas

Para el amor y otras guarrerías.

-¡Ahora viene el culo! Dijo Venus

Aplaudiendo como si una chiquilla

Hubiese tomado su bello cuerpo.

Los ojos de Alá brillaban con rabia

-Perdónalas, Alá, no tienen control

Se comportan como dos tontas crías.

Intervino ágil Dios para poner paz

Y que allí reinara la armonía.

-No me parece bien lo que hacéis

-Alá el pobre hombre no comprendía

Que para crear un semi Dios terrenal

Hubiese que hablar de mil porquerías.

Y siguió con la matraca sin piedad

-No está bien que su pene le defina.

-¿Cómo coño me defino sin tetas?

Y no es que yo sea una vulgar guarrilla

Pero si por algo me habéis traído aquí

es para escuchar mi opinión sentida

y os digo que un hombre feliz en la Tierra

Un enorme nardo siempre necesita

Y si es una mujer dos buenas tetas

Que no les va a importar que les defina.

Y ya todos los Dioses asintieron

Ganando Teresa al fin la partida

Y de esta forma terminaron al Dios

Resultando que era una maravilla

Pues todo él sin aliento te dejaba

Si sobre él tu mirada detenías

Y contemplabas su tremendo porte

Con todas las virtudes necesarias

Para que los terrícolas incrédulos

Recordaran que los Dioses existían

Y que alguno andaba entre ellos

Y a otros casi nunca se les veía

Despidieron a Teresa que encantada

Les dijo que a todos les rezaría

Y que volvía rápido a Coslada

A preparar unas empanadillas

Para sus seis muchachitos glotones

Y para postre una buena sandía.

-Necesito que algún Dios sin demora

Me acerque rápido a la guardería

Que el pequeño sale justo a las cinco

Y aquí ya se acabó la tareita.

-Yo no estoy bajando a ese nivel nunca,

Te acerco a una estación de Cercanías.

Y de paso dejo al nuevo allí abajo

Para que comience su nueva vida.

Y así fue como Teresa y los Dioses

Crearon juntos aquella maravilla

Llamada en la tierra Paul Newman

Y así este divino cuento termina.

-Seamos conscientes de hacerlo bien,

Sentenció Jehová a su audiencia

Mientras el resto ya esperaba a ver

Cómo resultaba la experiencia.

Todos aguardaban menos Teresa

Que sin saber lo que allí hacía

Miraba perpleja a su alrededor

Para comprobar que no era Gandía

Que era donde ella debía estar

A estas alturas de aquel día.

¡Qué iba a pasar con sus 6 hijos!

A esta cuestión nadie le respondía.

-Hola rica, todos me llaman Venus.

Dijo sin más una imponente tía.

-Dios a secas es mi divino nombre,

Soltó un señor que no comprendía

Que Teresa pa´ fiestas no estaba

Entre gente tan, tan desconocida.

-Necesitas velo, le dijo Alá.

-Mira, guapo, en Coslada no se estila,

Mirando sus hermosos ojos negros

Como quien este mundo desafía,

Le espetó Teresa con mucha calma.

-Soy Teresa, dijo ella, supertímida.

-Yo Tata, un gran placer conocerte,

Y miró a Teresa con soez lascivia,

Justo antes de que papá Jehová

Le regalase su mirada fría.

Dios le dijo: -Yo te perdono.

Y todos suspiraron con desidia.

-Ya está bien de jueguecitos vanos

Que este trabajo no es una tontería.

Y ante estas palabras de Alá

Teresa pensó-¡Menuda pandilla!

Yo tengo rapidito que ir al médico,

A que me recete su medicina

Que si estos tíos son imaginarios

Quizás he perdido la cabeza mía.

Mientras todos ya se arremolinaban

En torno a la efervescente mesilla

Que en el centro rotunda se hallaba

Y mil piezas de barro contenía.

-Voy a empezar! Otra vez dijo Alá

Hablando entre una gran algarabía

De Dioses muy felices y contentos

Y una Teresa azul y sorprendida

Por un mareo repentino y grande

Que casi acaba con su fútil vida.

-Si estoy embarazada, me suicido.

Pensó mientras echaba la papilla

-¿Estás bien? le preguntó el Dios Tata

-¡Hombre, por Dios, que esa teta es mía!

Gritó Teresa mientras apartaba

De su pecho la manaza bandida

Que el caliente Tata travieso posó

Sobre ella sin esconder su alegría.

-Hijo, yo te perdono, dijo Dios

Que si lo piensas más bien parecía

Un cura plasta que un Dios de Verdad

-Se me cae el brazo y te suelto una hostia,

negrito de los cojones, dijo ella

Y al fin Tata su mirada escondía.

Pues en Coslada son así de bordes

Con los jetas que sus cuerpos codician.

-Mejor que te vayas acostumbrando,

Que esto parece un pulpo, sí, querida.

Susurró sutil Venus a Teresa

Metiendo los dedos en la herida.

Al acercarse despacio a la mesa

Teresa descubrió que allí en la esquina

Agachado y agarrando un martillo

Se encontraba otro Dios en cuclillas.

-¿Quién es ese pedazo de maromo?

Preguntó Teresa así de ojiplática

Admirando el cuerpazo del muchacho

Más guapo que vió en toda su vida.

-Tor, es su nombre. ¿Está bueno, verdad?

Esa pobre criatura todavía

No es capaz de comunicarse con nadie.

-Ah! Le conozco de la peluquería,

¿No es el australiano de Elsa Pataky?

Menudo marido se ha marcado la tía.

Y todos miraron a Teresa así

Como si hubiese pedido una ensaladilla.

-¡Calla, mujer! Voceó el gran Alá,

Levantándose veloz de su silla.

No ves que es un hombre atormentado

Pues ese bello actor de pacotilla

Es más hermoso de lo que él siempre fue

Careciendo de su esencia divina

Que un vulgar mortal no debería jamás

Superar ni en belleza ni elegancia

A todo un Dios con su martillo y todo

¡Qué hay que respetar la mitología!

-¡Al lío! Hay que trabajar que es tarde

Y sin falta acabar todo este día.

Y comenzaron todos a jugar

Con trozos de barro de la mesilla

Que eran todas partes del cuerpo humano

Como en aquel curso de anatomía

Que Teresa dio en la universidad

Cuando estuvo viviendo en Comillas.

Y comenzaron los Dioses a colocar

Las mil y una piezas que elegir podían

Para formar un pequeño muñeco

Que en la fuerte mesa se sostenía.

-Casi le pongo la pierna en el brazo,

Saltó Teresita un poco perdida.

-Esto lo voy a hacer en casa

Y pasar las tardes entretenida

Un día de estos de mucha lluvia

Con mis seis fieritas hiperactivas.

-¿Dónde estarán todos ellos ahora?

-Crear un Dios terrenal  es cosa fina,

Concéntrate ya y no pienses en nada

Que este limbo enseguidita termina.

Le confesó Dios sin dar más detalle.

-Limbo suena a muerta, y  yo estoy muy viva.

Dijo Teresa asustada y nerviosa

Con su cara completamente lívida.

-Viva estás, pero no sobre la Tierra.

Que para crear un Dios digno de Olimpia

Necesitamos tu ayuda más carnal

Que si no nos salen muy altivas,

Llenas de un orgullo grande y vanal

Las deidades que sobre el mundo habitan.

-No sé si está al revés, dijo Teresa.

Agarrando sin pudor la pilila

Del nuevo Dios de barro en construcción

Pegado con gotas de agua tibia.

 Y sin vergüenza Teresa añadió

-Yo en esta parte más barro echaría.

Que solo tengo una oportunidad

Y nunca más me lo perdonaría

Si dejara a un Dios sin buenas armas

Para el amor y otras guarrerías.

-¡Ahora viene el culo! Dijo Venus

Aplaudiendo como si una chiquilla

Hubiese tomado su bello cuerpo.

Los ojos de Alá brillaban con rabia

-Perdónalas, Alá, no tienen control

Se comportan como dos tontas crías.

Intervino ágil Dios para poner paz

Y que allí reinara la armonía.

-No me parece bien lo que hacéis

-Alá el pobre hombre no comprendía

Que para crear un semi Dios terrenal

Hubiese que hablar de mil porquerías.

Y siguió con la matraca sin piedad

-No está bien que su pene le defina.

-¿Cómo coño me defino sin tetas?

Y no es que yo sea una vulgar guarrilla

Pero si por algo me habéis traído aquí

es para escuchar mi opinión sentida

y os digo que un hombre feliz en la Tierra

Un enorme nardo siempre necesita

Y si es una mujer dos buenas tetas

Que no les va a importar que les defina.

Y ya todos los Dioses asintieron

Ganando Teresa al fin la partida

Y de esta forma terminaron al Dios

Resultando que era una maravilla

Pues todo él sin aliento te dejaba

Si sobre él tu mirada detenías

Y contemplabas su tremendo porte

Con todas las virtudes necesarias

Para que los terrícolas incrédulos

Recordaran que los Dioses existían

Y que alguno andaba entre ellos

Y a otros casi nunca se les veía

Despidieron a Teresa que encantada

Les dijo que a todos les rezaría

Y que volvía rápido a Coslada

A preparar unas empanadillas

Para sus seis muchachitos glotones

Y para postre una buena sandía.

-Necesito que algún Dios sin demora

Me acerque rápido a la guardería

Que el pequeño sale justo a las cinco

Y aquí ya se acabó la tareita.

-Yo no estoy bajando a ese nivel nunca,

Te acerco a una estación de Cercanías.

Y de paso dejo al nuevo allí abajo

Para que comience su nueva vida.

Y así fue como Teresa y los Dioses

Crearon juntos aquella maravilla

Llamada en la tierra Paul Newman

Y así este divino cuento termina.