Publicado en Curso Escritura, Relato erótico

Relaciones laborales 

Yo nunca tendria una relación en el trabajo, decia siempre en las conversaciones de cantina, cuando todos hablaban de lo follables que era distintos puestos y yo le discutía alegando que esas cosas no se eligen. Supongo que para él  era el único momento de lucidez que le dejaba ese tira y afloja en el que nos habiamos metido. Al principio sólo eran miradas furtivas de pasillo, unos vinos tonteando a la salida del trabajo y alguna que otra despedida que se alargaba mmás de la cuenta. Cuando no tuvo más remedio que decirme que tenia pareja ya era demasiado tarde para los dos. Ya los furtivos eramos nosotros en cualquier momento en el baño, el vino lo pediamos en el servicio de habitaciones y él cada vez se inventaba más reuniones de trabajo fuera de Madrid para no tener que despedirse. Pero seguia creyendo firmemente en la necesidad de políticas laborables que prohibieran tajantemente las relaciones entre trabajadores. 

Realmente pensaba que era sólo una manera de disimular nuestra relación, aunque a esas alturas ya toda la empresa la sospechaban. Quizá por eso no me esperaba ese «tenemos q hablar» tan distante. 

Ya sabía las palabras que iban a salir por su boca, así que me lancé en picado contra sus labios para no darle opción, mientras con la mano fui a buscar el cabo del cinturón. Creo que sentí sus manos intentando pararme pero cesó cuando me puse de rodillas ante él terminando de desabrochar el pantalón y me metí su miembro erecto en la boca. Saboree cada pliege, cada segundo, cada milimetro con la certeza absoluta de que iba a ser la última felación. De una manera casi irracional, la perspectiva de la prohibición inminente me excitaba cada vez más, y él tenia que saberlo, así que guíe su mano con decisión hacia mi empapada entrepierna mientras le susurraba al oído «se que quieres follarme», tal y como a él le gustaba. En pocos segundos estaba desnuda esperando, ansiosa sus embestidas hasta lo más profundo de mi. No tardaron en llegar y puse mi cabeza a cámara lenta, como en la parte importante de una pelicula para que puedas deleitarte. Grabé en mi mente cada gemido, cada mirada lasciva a mi cuerpo, su cara cada vez que se mordía el labio, cada caricia. Y justo cuando llegabamos juntos al orgasmo le besé para fundirnos en uno solo. Supongo que después de mi arrebato no le parecia elegante dejarme y decidió dejarlo para el momento de la despedida, pero en cuanto vi que se habia dormido simplemente desaparecí. 

Ahora, en las siguientes comidas de equipo, cuando sale el tema de mezclar trabajo y amor, me limito a sonreir.