En cualquier parte nace un verso que convierte el mundo en un sitio mejor. En un lugar dónde quedarse. Quieto, inmóvil, muerto, en una vida que siempre pensé que no me correspondía porque yo siento que mi vida no puede continuar de fresa y chocolate.
Y me muero en sus ojos verdes cada vez que me mira. Es que no puedo pensar en nada que no sean tus manos en mi cuerpo desnudo, como estaba en su cama, empotrandome como nadie. Me tocó como nadie. Me mordió la lengua que buscaba el fondo de su boca, y mis dientes se clavaron en sus labios rojos y carnosos, manos que se posan en mi culo. Tan alto que nunca soñaste llegar. Buscame entre sabanas que me recubren lo justo, aunque tampoco inporta. Nunca más nada importaría, sólo su lengua en mi sexo.
